Vos sos mi tesoro!

Amistad – por Bibi Lasala

Lago Paimún. Enero 2002.

Lago Paimún. Enero 2002.

Hace unos 15 o 16 años en octubre tocó timbre. Venía en la Pantera, su bicicleta rosa.
-Tengo que decirte algo- me dijo- porque sinó voy a explotar. ¿Puedo subir? -
-Si, claro que si-
Mis ojos se quedaron mudos. Y mi cabeza llena de mil preguntas. ¿Por qué venía a mi casa? ¿Por qué iba a contarme a mi? Si ella tenía muchos amigos. Yo no era ni siquiera su amiga. Compartíamos la fe. Pero poco de nuestra vida.

Dos años antes nos habíamos conocido en el salón parroquial. Pero no habíamos pegado onda. Ella tenía demasiado carácter para mí. Ella era avasallante. Quería hacer todo. No preguntaba pero hacía de todo. A mí no me terminaba de cerrar. Era demasiado extrovertida. En la Parroquia no trabajábamos juntas directamente, pero compartíamos un poco mas de tiempo. La misión de llevar la virgencita al barrio de atrás de la parroquia nos juntaba todos los sábados, a todos. La misa de la noche del sábado también. Y una noche de oración por mes, que preparábamos por turnos.
Por ese entonces Llamadas cumplía 10 años y ella me pidió si no me quería hacer cargo de la grafica del evento, eso fue en el año 97. Y así pasamos unos cuantos días compartiendo el trabajo, de día y de noche. Fue la primera vez que compartimos más que el trabajo en la parroquia… estábamos en La Plata y empezamos a compartir cenas, gente, caminatas, viajes.
Y así fue que empecé a darme cuenta que algunas cosas teníamos en común. Había más cosas que la fé para unirnos.

Subió con la pantera.
Y después fuimos a la cocina. Mientras preparábamos mate me largó el chorro. Eran cerca de las 17. Estuvimos charlando unas cuantas horas. Estábamos solas, y mientras los mates se compartían, se abría mi corazón ante esta verdad que ella me contaba y que yo ya presentía hacía mucho tiempo ya, solo que en mi sigilo y en mi poca relación con ella, no me animaba a preguntarle. La ventana del balcón estaba abierta de par en par. Era el mes de octubre. No había que prender la luz porque el sol entraba y se sentó un rato con nosotras. Hasta que se hizo la noche.

Aquello era la primera cosa de la vida, no de la fe, que ella se abría a contar. Y me asombraba tanto! Porque a pesar del trabajo compartido, para mí no era llano el camino hacia ella, por su personalidad que parecía tener todo resuelto, por ser taxativa en casi toda su manera de pensar. Ella era lógica y yo emotiva. Ella corría y yo caminaba. Ella andaba en bici y yo en bondi. Ella trabajaba y estudiaba y a mí me costaba recibirme. Yo casi siempre tenía dudas y ella casi siempre estaba segura. Ella era autosuficiente y yo siempre necesitaba de alguien más. Yo me vestía de negro y ella de turquesa. Yo tenía pocos amigos y ella parecía que tenía algunos. Ja! Creo que en el fondo admiraba muchas cosas de ella. Por eso creo que lo que hablamos aquella tarde abrió un camino nuevo para nosotras. Este camino más allá de la vida.

Recuerdo que antes de irse, esa noche, le pregunte porque me lo había contado a mi. Y ella me contestó que ella se había dado cuenta que yo era muy reservada y que ella era de la misma manera con sus cosas, y que ella sabía que yo iba a cuidar así lo que ella me había contado.

Yo creo que era lo único que, al final, sabíamos: ella y yo éramos así, como me lo había dicho, Sigilosas guardianas del corazón del otro. Ella no hablaba de sus cosas, era reservadísima. No quería que nadie sepa cuáles eran sus padecimientos. A mi también me costaba confiar. Y a las dos nos hizo bien encontrar a la otra. Yo sentía una alegría inmensa de haber estado ahí para ella, porque sabía que a ella le hacía falta alguien en quien confiar, y a mi… a mi también.
Así es que a partir de ese momento, me di cuenta que había en ella una mujer más parecida a mí.
Una persona con la que yo podía compartir mucho de mi verdadera verdad. Y así fue. Fue el don cotidiano de la amistad verdadera!!!

Despues nos amalgamamos, nos encontramos, nos dimos cuenta que mas cosas en común teníamos, y nos quisimos, y nos cuidamos para siempre… y sus amigos fueron mis amigos, y mi casa fue su casa, y cuando ya no nos podíamos ver todos los días, nos llamábamos por teléfono. Cuando no podíamos por teléfono fue volver al encuentro. Cuando apareció el celular también fue por mensaje de texto. Cuando no podíamos vernos apareció el email. Cuando yo no podía viajar, viajaba ella. Cuando ella ya no pudo hablar, hablaba yo. Y cuando las dos nos largábamos a reír o a llorar nos teníamos para siempre, tomando mate en la cocina.

Nuestra amistad empezó ese día y nunca terminó. Porque resulta que ese tesoro estaba ahí, escondido en un campo, esperándonos a ella y a mí. Yo vendí todo para comprar el campo y quedarme con el tesoro y ella hizo lo mismo. Lo sé, porque después de que se terminaron sus días pisando este mismo campo, el tesoro no se desvaneció. Todo lo contrario. Empezó a multiplicarse, y yo junté en mi corazón cada perlita de vida, cada milagrito que me va regalando. Siempre ella me ragala mas, está claro!!! Yo solo puedo regalarle ser fiel cuando escribo estos relatos, honrar su historia, imitarla a ella en el amor incondicional y la pasión por la vida. No perder la fé, aferrarme a mis valores aunque tenga que dar un salto al vacío y decir: que sea Tu voluntad.

“Quien ha encontrado un amigo ha encontrado un tesoro, y yo te he encontrado a ti“ (Como dice Glenda en su hermosa canción) Y hoy te digo Ce, como aquella vez me lo dijiste a mi: Vos sos mi tesoro!

Para escuchar las canciones de la Hna Glenda, podes entrar a su sitio oficial: http://hnaglenda.org/es/musica
La canción que menciono líneas arriba “Quien ha econtrado un amigo” la escuchás desde el sitio, y es del álbum “ A Solas con Dios”
Por cortar la torta en cumple de Bibi. Agosto 2004

Por cortar la torta en cumple de Bibi. Agosto 2004

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